Por: Arturo Damm Arnal - Milenio
Los economistas podemos hacer tres cosas: (i) explicar por qué sucedió lo que sucedió; (ii) prescribir lo que debe hacerse para que se logren los mejores resultados posibles; (iii) predecir lo que sucederá, tarea fallida (como lo demuestran una y otra vez las encuestas sobre expectativas económicas), por la simple razón de que somos economistas, no adivinos. Y, sin embargo, la mayoría de las preguntas que nos hacen a lo economistas tienen que ver con el futuro.
Lo escribió John Kenneth Galbraith (1908–2006), en su libro Historia de la Economía (1987): “…la economía, tal y como hoy se la teoriza, alienta una obsesiva preocupación por el futuro (…) la característica más común del futurólogo económico no es la de saber, sino la de no saber que no sabe. Su máxima ventaja es que todas sus predicciones, acertadas o inexactas, se olvidan con rapidez”.
¿Quién se acuerda hoy (diciembre de 2025), de las proyecciones de crecimiento e inflación, tipo de cambio peso-dólar y tasa de interés, de hace un año (diciembre de 2024), de (por citar un caso), la Encuesta sobre las expectativas de los especialistas en economía del sector privado, que mes tras mes levanta el Banco de México?
No hay comentarios:
Publicar un comentario