Veronica Malo Guzmán - Sonora Presente
El dinero que se destina a pagar intereses es dinero que deja de usarse para todo lo demás. Así de simple. Así de brutal. Pero también así de conveniente para algunos gobernantes: los intereses no protestan, no votan y no marchan. Solo se pagan. Puntualmente.
Durante años se ha repetido que la deuda es una “palanca del desarrollo”. Y lo es, siempre que alguien sepa hacia dónde quiere moverla. El problema comienza cuando esa palanca se usa como palanca política: para inaugurar, para presumir, para dejar huella —o placa—, aunque el mecanismo en el fondo no mueva nada.
El dinero prestado, en demasiadas ocasiones, no llega a infraestructura productiva sino a obras de lucimiento, proyectos innecesarios o decisiones dictadas más por la voluntad del gobernante que por estudios técnicos. La deuda no falla; falla su propósito.
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