- No se trata de un debate entre economistas. Constituye la diferencia entre un país próspero y uno estancado, con obvias consecuencias para la mayoría de sus ciudadanos. Y en términos políticos, las implicaciones son enormes
Jorge Zepeda Patterson - El País
¿Vaso medio lleno o vaso medio vacío? Los resultados económicos de 2025, primer año del sexenio, llevan a los pesimistas, es decir, a los críticos del Gobierno, a pronosticar un segundo año de penurias; a los optimistas, Morena y aliados, por el contrario, un repunte firme del crecimiento. La prensa de oposición cita a expertos económicos que han previsto un magro desempeño de apenas 1,3% para el año que está comenzando. La Secretaría de Hacienda presentó este martes un ambicioso programa de inversión pública y aseguró que el país habrá de crecer entre 2,5 y 3,0%.
¿A quién creer? El debate es importante, aun cuando a la mayoría de los lectores las diferencias puedan parecer nimias. No lo es. Por un lado, el crecimiento de la población en el país es de alrededor de 0,7% al año. En estricto sentido necesitamos crecer justamente eso para no retroceder. Ampliar la producción que genera el país en 3% equivale a cubrir varias veces eso. Un país que pueda enlazar 5 o 6 años de una expansión con una tasa de crecimiento de esa magnitud habrá cambiado las condiciones de vida de la población en menos de una generación, particularmente si van acompañadas de medidas redistributivas.
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