- El canciller, Marcelo Ebrard, modificó los términos en los que López Obrador estaba llevando la sucesión y metió presión en todos los aspirantes.
Raymundo Riva Palacio - El Financiero
Desde que el presidente Andrés Manuel López Obrador regresó de su tercer contagio de covid que le provocó una afección cardíaca a finales de abril, la prisa por resolver la sucesión presidencial fue evidente. El motor lo prendió tras las elecciones intermedias de 2021, cuando sufrió derrotas importantes, pero no había mostrado la urgencia de tener relevo hasta hace seis semanas, cuando apresuró el paso para elegir a quien lo suceda. En el camino, las riendas que lo conducían se le soltaron y en la lucha por recuperar el control se le adelantó el martes el canciller Marcelo Ebrard al anunciar su renuncia para buscar la candidatura.
El primer síntoma público del descontrol presidencial sobre la sucesión apareció en La Jornada, el periódico que dirige su entrañable camarada de décadas, y donde laboran asesores, amanuenses y cuadros orgánicos al servicio de López Obrador. Fue el 31 de mayo pasado cuando, en un diseño inusual para un día ordinario, publicó a ocho columnas la instrucción del INE a Morena para que sus aspirantes a la Presidencia cesaran sus campañas, y en el breve editorial llamado Rayuela, puntualizó: “Ya era hora de frenar lo que se estaba saliendo de a madre”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario