José Blanco - Periódico La Jornada
El sistema de pensiones basado en la solidaridad intergeneracional llegó a su fin hace mucho tiempo, al menos en los años 90 del siglo pasado. El fin llegó mucho antes en los países de población más madura; a México llegó, sin falta. Este hecho histórico parecía un dato bien establecido desde aquellas fechas; la huelga de la CNTE muestra que no es así: algunos huelguistas han expresado que el gobierno no los oye porque no accede a su demanda principal: la abrogación de la Ley del Issste de 2007. Argumentan que el sistema de cuentas individuales y Afore perjudica sus pensiones, por lo que exigen regresar al sistema solidario.
Es necesario distinguir la realidad que motivó la ley de 2007, de la solución neoliberal típica con la que respondieron los gobiernos del Prian. El sistema de pensiones solidarias se originó en 1881, en la Prusia de Otto von Bismark. Después el sistema se extendió por el mundo y fue visto con el tiempo como el primer paso del Estado de bienestar. Vale apuntar que la esperanza de vida en la Prusia de Bismark no llegaba a los 50 años, y la edad de jubilación fue fijada en 65 años. Ciertamente en sus primeros tiempos el sistema no tuvo ninguna presión financiera. Mientras la población crecía, los trabajadores de menor edad sostenían las pensiones de quienes se iban jubilando.

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