Por Luis Miguel González - El Economista
La revisión del T-MEC es complicada, entre otras cosas porque hay una constelación de temas en los que está en juego miles de millones de dólares: reconfiguración de la industria automotriz; los aranceles al acero mexicano y la protección a Pemex y CFE. Sabiendo esto, ¿por qué hacerla más complicada “regateando” una parte del presupuesto asignado al Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral?
Los asuntos laborales están en la valija del equipo estadounidense. Aparecieron en la primera ronda de las revisiones, celebrada en la Ciudad de México hace un par de semanas y estarán en la segunda ronda que se celebra en territorio estadounidense. Fue una parte muy relevante en la negociación del T-MEC y es uno de los asuntos en los que hay consenso bipartidista, entre demócratas y republicanos. Los menciona la oficina del representante comercial de la Casa Blanca, el USTR, en el informe de barreras no arancelarias.
¿Puede México garantizar que se cumplirán compromisos en lo laboral que se firmaron en el T-MEC? A grandes rasgos son tres asuntos: la eliminación del trabajo forzado; las garantías para que los trabajadores puedan tener sindicatos que defiendan sus derechos y la reducción de la brecha salarial en sectores muy integrados a las cadenas de valor norteamericanas, como el automotriz.
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