miércoles, 17 de junio de 2026

El espejismo de la derrama económica mundialista

 Jorge G Castañeda - El Siglo de Torreón

No es culpa de Sheinbaum que algunos partidos del Mundial del 2026 se celebren en México. Esa decisión la tomó Peña Nieto, y junto con ella se produjo la aceptación de la gran mayoría de las condiciones impuestas tanto por la FIFA como por Estados Unidos, es decir, la sede principal de los 104 partidos. Tampoco es responsable la Presidenta que todo salga bien o mal en infraestructura, incidentes posibles, y mucho menos, los resultados que alcance -o no- la selección mexicana.

Asimismo, en el fondo, ni siquiera le corresponde la autoría del éxito o fracaso turístico y de imagen de los trece juegos. Son tantos los factores que determinan un aforo turístico inmediato, o a mediano y largo plazo, que es imposible establecer una relación causal directa e inmediata.

Valeria Moy tiene toda la razón en su artículo de El País esta semana que el impacto en materia de turismo y la imagen de un país sede se puede medir de dos maneras. Una radica en el número de visitantes durante el evento per se; la otra consiste en el efecto a largo plazo de imagen y de turismo.

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