Jorge Zepeda Patterson - El País
López Obrador necesita un pequeño exilio interno para asimilar las consecuencias de su victoria
¡Con el Atlas aunque gane!, decían los buenos aficionados de este equipo tapatío de fútbol tan acostumbrado a las derrotas, que sus seguidores solían perturbarse cuando conseguía algún triunfo importante. Algo similar, me parece, está pasando con Andrés Manuel López Obrador.
Desde el primero de julio, cuando arrasó en las elecciones y se convirtió en presidente electo, no se ha detenido un momento para asimilar cabalmente lo que ha cambiado con su victoria. Y no me refiero a su entorno o al país, sino a su disposición personal frente al poder. No parece darse cuenta de que algo ha dado un giro de 180 grados: antes era la principal fuerza contestaria ante el poder institucional; ahora es él quien encarna ese poder.
No hay comentarios:
Publicar un comentario