- Ruiz Esparza desoyó los llamados de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) y desatendió todas las observaciones que el organismo emitía
CIUDAD DE MEXICO (Apro).- No era una obra caprichosa. Ni de relumbrón.
El Paso Exprés de Cuernavaca había sido una demanda ciudadana para acabar con el problema de los embotellamientos cotidianos que padecían los habitantes de la capital morelense y quienes necesitaban trasladarse –incluidos los paseantes– a Chilpancingo, Acapulco o a la Ciudad de México.
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