- Para superar la presión populista se necesitan políticas pragmáticas para resolver problemas inmediatos y convencer a los ciudadanos de que la democracia ofrece la vía más prometedora hacia un futuro mejor
Sheri Berman - El País
El ascenso del populismo de extrema derecha es el problema actual más acuciante de Europa. Numerosos analistas hemos vinculado ese ascenso al declive de la socialdemocracia y del centro-izquierda: muchos de sus votantes tradicionales votan hoy a partidos populistas; la aceptación, por parte de la socialdemocracia, de un neoliberalismo “más amable” abrió un espacio político que los populistas han ocupado con su utilización xenófoba del Estado de bienestar; y el declive electoral socialdemócrata ha impedido formar Gobiernos con mayoría de izquierdas y, en muchos países europeos, con una mayoría estable, sin más. Como consecuencia, es más difícil resolver los problemas, y eso alimenta la insatisfacción y el populismo. Pero el nexo más fundamental es otro: la pérdida del sentimiento de lo posible que la socialdemocracia inspiró en la democracia liberal de posguerra.
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