- Cobrar entre uno y dos salarios mínimos no garantiza una existencia digna. Quienes defienden elevar el suelo salarial se han encontrado con dos aliados inesperados: EE UU y Canadá
María Eugenia Zamora es uno de tantos ejemplos de supervivencia con lo mínimo en la Ciudad de México. Buena parte de sus 37 años de vida han discurrido en un asentamiento informal al sur de la segunda ciudad más grande de América Latina, donde la urbe se funde con el campo y la miseria queda a flor de piel. Ella y su hijo Leo, de 10 años, viven a duras penas en una casa de madera poco más de 30 metros cuadrados y una sola estancia recién levantada por una ONG sobre un terreno familiar baldío. En un extremo, un precario fuego de gas en el que a duras penas cocina; al otro lado, una litera y un armario desvencijado. Es verano, pero tras varios días de lluvias torrenciales en la capital mexicana, la humedad se convierte en frío en el centro de la estancia donde un tablón de madera y tres botes de pintura hacen las veces de comedor y una bombilla, la única, ilumina tenuemente la escena. Sin un contrato de electricidad formal, el pinchazo a la red no da para más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario