- La comunidad internacional debe tomar medidas efectivas contra la carrera nuclear norcoreana
La detonación el pasado domingo de lo que el régimen de Corea del Norte asegura ser una bomba nuclear de hidrógeno traspasa todas las líneas rojas de comportamiento admisibles en la comunidad internacional.
El ensayo real del mayor arma de destrucción masiva inventada por el hombre —y nunca utilizada hasta ahora en un escenario bélico— no puede ser despachado simplemente como un paso más en la escalada de tensión entre la dictadura norcoreana y sus potenciales enemigos, y muchísimo menos como otra bravata de Kim Jong-un. Se trata de la constatación del inmenso poder destructor y desestabilizador que ha acumulado el que posiblemente sea el régimen más tiránico del mundo. Y de la urgencia de la necesidad de hacer algo efectivo cuanto antes para evitar que este enloquecido juego termine en una guerra nuclear.
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