Las cosas buenas cuentan, pero si se cuentan mal, es como si no existieran.
Uno de los mayores déficit de este gobierno (en realidad de los últimos gobiernos) es que no ha logrado convencer a la ciudadanía de las cosas que se han hecho bien. Y a veces incluso muy bien.
Si hacemos caso a la mayoría de las encuestas, hay una aprobación de la gestión presidencial de apenas poco más de 20 por ciento, contra una desaprobación de más de 70 por ciento.
Si alguien llegara desde algún lejano país y viera los resultados, a través de los indicadores más usuales, seguramente no entendería estos porcentajes.
Veamos sólo unos cuantos indicadores.
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