Rolando Cordera - Periódico La Jornada
Los escarceos en torno a la sucesión presidencial dejaron de ser coto del priísmo. Hoy se cuecen habas en todos las latitudes; incluso quien parecía blindado por su condición de candidato adelantado y único, Andrés Manuel López Obrador, tiene enfrente su primera tormenta sucesoria. Nadie está a salvo.
En el PAN, bajo fuego graneado, su presidente sigue acosado por las huestes calderonistas que, con Margarita a la cabeza, reclaman mano en candidaturas y consejos. En el PRI, todo queda en manos de monaguillos del gran elector: de la calidad del proceso y de la vocación de sus correligionarios para adorar mitos de otros tiempos. Del PRD mejor ni hablar, porque los balbuceos de sus ayer pastores no logran configurar palabra política.
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