Veronica Malo Guzmán - Sonora Presente
En 2020, Mara Lezama voló de Vail a Cancún para acompañar a López Obrador en una gira. Terminado el acto de austeridad republicana, regresó ese mismo día a Vail en el jet que tomó de ida. No interrumpió sus vacaciones: hizo una lujosa escala de austeridad; el privilegio, el destino final.
Ojalá esta hubiese sido una extravagancia aislada. Muy lejos de ello. Según registros aeroportuarios y migratorios citados por Reforma, desde que era alcaldesa de Cancún acumuló 119 movimientos internacionales, 97 de ellos asociados con aeronaves privadas. Orlando y Vail aparecen entre los destinos recurrentes (no me sorprendería que, investigando un poco más, resultara que ella y/o su familia tengan propiedades en dicho resort de esquí).
Total, que la 4T no terminó con los privilegios de la antigua casta gobernante; cambió de pasajeros y compró el avión…
Pero, ¡oh sorpresa!: lo predecible habría sido la defensa automática de Morena. Sin embargo, no pocos correligionarios comenzaron a tomar distancia. Arturo Ávila no afirmó que los vuelos estuvieran justificados; pidió “cuidar el movimiento”. La prioridad dejó de ser esclarecer la conducta de la gobernadora y pasó a ser impedir que la mancha alcanzara a todo el partido. Ya huelen una muy seria crisis reputacional.
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