domingo, 23 de agosto de 2026

La bendición que Canadá nos manda

Veronica Malo Guzmán - Sonora Presente 

El T-MEC conserva —aún— sus cuatro letras, sus capítulos, sus comités y hasta su próxima revisión. Lo que ya no conserva es su naturaleza.

Seguramente lo han notado. Hace ya rato que dejó de ser un tratado entre tres países y se convirtió en dos negociaciones bilaterales en las que Estados Unidos dicta, Canadá se rebela y México aguarda, discretamente, a que le entreguen su rol.

Washington y Ottawa no lograron el acuerdo para evitar nuevos aranceles. Estados Unidos impuso gravámenes de 50% a unos 20 mil millones de dólares en productos canadienses; Canadá respondió con represalias “dólar por dólar”. Dos socios del mismo tratado cobrándose aranceles mientras aseguran que el libre comercio sigue vivo. El Tratado ha entrado en esa etapa de algunos matrimonios en la que ya solo falta avisarle al acta.

El conflicto no se limitó al acero, los automóviles, los lácteos o los camiones. Washington pretendió imponer a Canadá no solo las condiciones para comerciar con Estados Unidos, sino también con qué otros países podía hacerlo. Trump ya no quería negociar qué podía venderle Canadá: quería decidir a quién más tenía permitido venderle.

Y Canadá dijo hasta aquí

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