Carlos Loret de Mola - Sonora Presente
Tras el ridículo que hizo el fin de semana, al regresar de gobernador 34 horas, se podría deducir que el morenista Rubén Rocha Moya ya perdió todo el poder que tenía en su estado. Todos lo dejaron solo. Primero el gobierno federal, vía la Secretaría de Gobernación. Después el partido oficial, su partido, Morena. Después todos los gobernadores de su partido. Y al final, la posición oficial de la presidenta que parecía enterrarlo políticamente.
Pero no. Rocha podrá haber quedado fuera, pero la gobernadora interina es de él. Fue su compañera desde los tiempos que eran del PRD. Fue su secretaria de Educación en los primeros tres años de administración. Luego la impulsó para que se convirtiera en diputada federal. Hace poco pidió licencia porque Rocha Moya la mandó a inscribirse como una de las “corcholatas” para la gubernatura sinaloense que se juega en el 2027. Se les adelantó a todos los aspirantes: se quedó con la gubernatura sustituta a pesar de la lógica política y la exigencia ciudadana que decía que el relevo no podía ser otra vez alguien de Rocha.
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