Salvador García Soto - Serpientes y Escaleras
Los elogios desbordados que el director de la DEA, Terry Cole, tuvo ayer desde Buenos Aires para Omar García Harfuch, al llamarlo “socio de confianza y buen amigo de Estados Unidos”, confirman que el secretario de Seguridad y hombre fuerte de la presidenta Claudia Sheinbaum, se ha vuelto el funcionario mexicano en el que más confía el gobierno de Donald Trump y en el puente que mantiene la comunicación y evita el rompimiento, en medio de la tensión que hoy prevalece entre Palacio Nacional y la Casa Blanca.
En la misma medida que Washington toma distancia López Obrador y le retira visas a sus hijos y colaboradores más cercanos a los que investiga por diversos delitos, el acercamiento y los gestos hacia García Harfuch por parte de la administración Trump se convierten en la señal de que el embate contra la corrupción y la narcopolítica mexicana tiene destinatarios específicos que apuntan inevitablemente al pasado sexenio y a las redes de poder y de complicidad con el narcotráfico que tejió y que sigue manejando aún desde fuera del poder el expresidente mexicano.
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