Salvador García Soto - Serpientes y Escaleras
Si la presidenta Claudia Sheinbaum dejaba pasar la rebelión de Rubén Rocha Moya y su regreso a la gubernatura, su problema mayor no sólo iba a ser con el gobierno de Donald Trump que sigue exigiendo la entrega del político sinaloense; el verdadero problema para la doctora era que su autoridad y su Presidencia habrían quedado en duda ante el desconocimiento de los sectores más radicales de Morena que apoyaron y alentaron el retorno de Rocha al cargo de gobernador.
La rápida operación política que se desplegó desde la Presidencia de la República y el Congreso, para llamar al orden a los gobernadores de Morena y exigirles su respaldo incondicional a la doctora –incluida la advertencia del líder de la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, que ya tenían preparado un juicio político para destituir al gobernador sinaloense–, fue la forma de frenar el intento de golpe a la autoridad presidencial, en el que Rocha Moya fue sólo el artífice de los grupos más duros de la 4T alineados con el expresidente López Obrador.

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