Erika Benke - BBC Future*
En una gélida mañana de enero en Helsinki, unas 20 personas se congregan frente a Oodi, la biblioteca central de la ciudad, esperando a que abran las puertas.
"Se me saltan las lágrimas al ver a la gente entrar casi corriendo al edificio a las 8:00, dirigiéndose directamente a sus rincones favoritos", dice Katri Vänttinen, directora de servicios bibliotecarios de toda la capital finlandesa. "Esto demuestra que la biblioteca pertenece de verdad al público".
A la hora del almuerzo, el edificio está tan lleno que los visitantes deambulan entre las plantas buscando un asiento libre. Estudiantes trabajan con sus portátiles junto a enormes ventanales con vistas al Parlamento finlandés, y puedes ver a padres leyendo con sus bebés y niños pequeños en coloridas zonas de juego.

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