Estríctamente Personal
Raymundo Riva Palacio - Expreso
Juchitán, dicen las autoridades en Oaxaca, está inmerso hoy en una profunda reorganización política y de seguridad. Es una pantomima. La seguridad no regresará, aunque la violencia se dé una pausa mientras se enfría el ambiente tras la detención del alcalde Miguel Sánchez Altamirano la semana pasada, acusado de ser parte de Los Cromos, el brazo armado del Cártel Jalisco Nueva Generación en esa región zapoteca. Sánchez Altamirano era una pieza menor del entramado criminal, un subordinado del jefe de la estructura, su protector Emilio Montero, a quien, por intermediación de varias figuras de Morena, incluido un secretario de Estado, le congelaron una orden de aprehensión por sus lazos con el crimen organizado.
Montero es clave en la estructura delincuencial en toda la región, y de acuerdo con funcionarios federales, responsable directo de la violencia que rompió el equilibrio de poderes político-criminales en Oaxaca, con una serie de asesinatos durante las fiestas tradicionales en mayo, llamadas “Velas”, rompiendo un viejo pacto no escrito entre los diferentes grupos delincuenciales de mantenerse sin acciones violentas durante esas celebraciones altamente populares.
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