Gerardo Gutiérrez Candiani - El Sol de México
El debate sobre riesgos extremos por el vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial pasó del terreno de la ciencia ficción a una alerta mundial. Máxime porque surgió desde el corazón de la industria tecnológica, en Silicon Valley. Ante ello, saltan las preguntas sobre qué pueden hacer ciudadanos, gobiernos nacionales y una comunidad internacional con instituciones rebasadas por este y otros dilemas.
Lo que preocupa es que el fenómeno escape de los mecanismos de gobernanza nacional, social y global, además de la pérdida de control de sus mismos creadores. Pero también que casi todos solo somos espectadores de una transformación tan radical, amenazante e incierta.
Un detonador fue la renuncia pública de Jacob Coxon, científico involucrado en la programación fundamental de los sistemas de OpenAI y Anthropic, líderes en los modelos de IA de vanguardia. Al denunciar una carrera competitiva que pone en juego a la humanidad, dijo que entre los mismos desarrolladores se cree que, sin controles, esta tecnología podría “acabar con todos nosotros para finales de la década”.
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