Carlos Ramírez - El Independiente
Como nunca en los últimos 50 años, la política doméstica y específicamente electoral mexicana se ha convertido hoy un tema de prioridad de la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos.
El presidente Ronald Reagan y todo su bloque radical de ultraderecha buscaron influir en las elecciones intermedias mexicanas de 1985 para impulsar una alternancia a favor de su agenda de seguridad nacional: la alianza inducida por Washington entre el PAN, los empresarios y la iglesia católica conservadora bajo las directrices operativas del entonces embajador John Gavin en funciones también de jefe formal de la estación de la CIA en México.
La temática de esa alianza fue muy precisa: la derrota de todo el sector progresista internacional, el freno al avance de la Unión Soviética en América Latina, la lucha contra los primeros cárteles del narcotráfico, el debilitamiento del sector progresista del PRI y los planes estadounidenses de una mayor consolidación de la economía transnacional.

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