Denise Dresser - Sonora Presente
Ernestina Godoy encabeza una Fiscalía performativa. Una institución donde importa más anunciar que acreditar. Detener que sentenciar. Incautar que demostrar. Montar el operativo antes que construir el caso. Una FGR que produce imágenes de eficacia mientras batalla para producir justicia. Su modus operandi es primero anunciar algo espectacular. Después -si acaso- viene la investigación. Primero usa el adjetivo “histórico”. Después trata de recabar o acomodar la evidencia. Primero da el golpe, y después averigua si había algo que golpear.
El ejemplo más reciente roza la parodia. Anunció el “histórico” aseguramiento de 59 millones de litros de presunto huachicol en una terminal de SIMSA en Guanajuato. Diez tanques. Tres unidades. Un golpe sin precedente. Sólo había pequeños inconvenientes: no hubo detenidos, la planta no fue clausurada, operaba nuevamente desde el 10 de septiembre y la FGR todavía estaba recabando documentos para determinar si el combustible era ilícito. Godoy terminó ordenando que la investigación fuera atraída por la propia FEMDO (Fiscalía Especializada en materia de Delincuencia Organizada).
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