Carlos Elizondo - El Siglo de Torreón
Por donde se mire, asoman los costos para Sheinbaum del legado de AMLO.
ÁTICO
Cómo se llega al poder determina, en buena medida, el margen para gobernar. Con cínico pragmatismo, AMLO aceptó a cualquiera en su coalición, sin importar sus antecedentes, para ganar en 2018 y ampliar su mayoría en 2021. Ese año, en varios estados Morena contó con el apoyo del crimen organizado para ganar la elección.
El candidato que prometió una regeneración nacional partió del clásico “el fin justifica los medios”. Incluso aliarse con el diablo estaba permitido, pues había un “objetivo” superior: primero los pobres.
El espacio para gobernar se puede ampliar con talento político, como el de López Obrador. A Sheinbaum no sólo le faltan los instintos políticos de su antecesor, sino que carga con todas sus obras absurdas y otros entuertos. Para operar, mantiene en puestos clave a funcionarios que le deben su carrera al expresidente, como la secretaria de Gobernación.
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