Triste, muy triste está dibujando el final de su vida y de su larga carrera legislativa y judicial la actual Fiscal General de la República, Ernestina Godoy Ramos. Persiguiendo inocentes, protegiendo a culpables
Por Ramón Alberto Garza - Código Magenta
Triste, muy triste está dibujando el final de su vida y de su larga carrera legislativa y judicial la actual Fiscal General de la República, Ernestina Godoy Ramos. Persiguiendo inocentes, protegiendo a culpables.
Su última pifia: anunciar con grandes fanfarrias el mayor decomiso de “huachicol fiscal” en Guanajuato -59 millones de litros- en instalaciones que calificó como clandestinas, cuando en realidad eran depósitos -muy bien montados- de empresas responsables de la distribución en el Bajío de gasolinas y diésel importados. Todo, legalmente, bajo autorización y supervisión de Pemex.
Lo menos que se asoma en este enorme fiasco es la irresponsabilidad y la gran incompetencia de la Fiscalía de la Nación, la que siempre invoca la presidenta Claudia Sheinbaum que debe aportar “pruebas, pruebas y más pruebas”. En el caso del huachicol de Guanajuato -que no era huachicol- ¿cuáles eran las pruebas para actuar con la clausura de las instalaciones? ¿Quién o quiénes sembraron la urgencia de decomisar algo que legítimamente era operado por empresas legalmente autorizadas por Pemex? ¿Quién sembró la píldora envenenada? ¿Con qué intención?
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