martes, 22 de septiembre de 2026

Hacia una inteligencia híbrida y plural

  • Pese a sus diferencias, las posiciones más alarmistas y las más favorables al desarrollo de la IA parecen hallar un punto de encuentro: la responsabilidad última debe seguir siendo humana, tanto en el uso como en el diseño. Unos proponen frenar su avance; otros, continuarlo bajo supervisión y con garantías éticas y de seguridad.

Olivia Muñoz Rojas - Proceso

Disolución de las fronteras de la inteligencia.(Foto: Wiki Sinaloa / Unsplash)

Quizá uno de los problemas del debate sobre la inteligencia artificial sea que seguimos pensándola como algo separado de nosotros. Buena parte de la discusión se plantea en términos de competencia o sustitución: qué tareas podrá hacer mejor que los humanos, qué empleos nos arrebatará o, en su versión más extrema, si llegará algún día a prescindir de nosotros. Sin embargo esta oposición parte de una premisa discutible: que la inteligencia humana fue alguna vez completamente autónoma. Como argumentaban Andy Clark y David J. Chalmers ya en la década de los noventa, la frontera entre mente y artificio siempre fue más tenue de lo que solemos reconocer: escribimos para descargar nuestra memoria, calculamos con instrumentos, pensamos mediante libros, mapas, archivos y otros objetos. La IA generativa lleva esta externalización a una escala extraordinaria, pero puede entenderse también dentro de una larga historia de tecnologías cognitivas.

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