Carlos Ramírez - El Independiente
Mientras sigue consistente la disminución de homicidios dolosos en las cifras gubernamentales, tres datos están haciendo saltar las alarmas: la violencia social, las agresiones contra políticos y los ataques a madres buscadoras y a líderes sociales.
Es posible que detrás de la agresión armada contra el diseñador del último traje de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en el grito del 15 de septiembre pueda contener elementos que obedezcan a una lógica no estrictamente política, pero el mensaje que está dejando es ya el uso de la violencia ante la incapacidad de las reglas políticas democráticas para estabilizar las relaciones que se derivan de la convivencia social y del reparto político del poder.
Y si a ello se agregan las primeras evidencias de que el partido en el poder está incumpliendo con las reglas de la democracia en competencia abierta y bajo vigilancia de las instituciones encargadas de las expresiones electorales, entonces habrá que esperar lo que ya no será inesperado: Estados Unidos abrió el expediente de la participación del crimen organizado en procesos electorales mexicanos para beneficiar aquellos candidatos que se sometan a las necesidades de los cárteles, de las bandas o simplemente de los grupos delictivos con capacidad y fuerza.

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