- Dadas las circunstancias y prospectiva de la economía de EU, sobre todo vistos desde el cristal de las tasas reales, los indicadores de condiciones y estrés financiero, así como del crédito al consumo, no había duda de que el Comité de Operaciones de Mercado Abierto del Fed debía elevar la tasa de referencia en su decisión de política monetaria de la semana pasada.
Gabriel Casillas - El Financiero
Hace dos semanas comencé una serie de columnas dedicadas a comentar cómo veo al Banco de la Reserva Federal (Fed) bajo el liderazgo de Kevin Warsh (“El Fed de Warsh y Banxico (I)”, 8 de septiembre y “El Fed de Warsh y Banxico (II)”, 15 de septiembre) y las consecuencias de esto para el Banco de México. En mi opinión, dadas las circunstancias y prospectiva de la economía de los Estados Unidos, sobre todo vistos desde el cristal de las tasas reales, los indicadores de condiciones y estrés financiero, así como del crédito al consumo, no había duda de que el Comité de Operaciones de Mercado Abierto del Fed (FOMC) debía elevar la tasa de referencia en su decisión de política monetaria de la semana pasada. Las dudas que había entre los principales participantes de los mercados financieros a nivel global se fundamentaban en criterios de economía política, no de política económica. Es decir, si Warsh, así como los demás miembros del FOMC se iban a atrever a subir tasas, aún cuando el presidente de los EU, Donald Trump, ha sido muy vocal de que el Fed baje las tasas.
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