Salvador García Soto - Serpientes y Escaleras
La pregunta incómoda ronda lo mismo en los pasillos del Poder Judicial de la Federación que en los círculos políticos y empresariales del país. Y tiene que ver ya no sólo con la preocupación y el temor que genera entre los grandes inversionistas del país la posibilidad de que la ministra Lenia Batres pueda llegar a asumir la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que, en medio de la antinomia que hoy existe entre los artículos 94 y 87 constitucionales, sino también con los constantes errores, gazapos, exhibiciones de ignorancia jurídica y actuaciones ideologizadas de la autonombrada “ministra del pueblo”.
Porque Batres Guadarrama cumple ya tres años desempeñando el cargo de ministra, entre los dos años que duró en la antigua integración cuando la designó directamente el entonces presidente López Obrador y el año que ya cumple como parte de la nueva Corte que resultó de la controvertida Reforma Judicial y la elección de los acordeones. Pero esos tres años de ejercer el más alto cargo público al que puede aspirar cualquier jurista al parecer no le han servido a la ministra para entender, aprender y dominar la delicada responsabilidad que se le ha otorgado, y en la que sigue cometiendo errores de principiante y asumiendo posiciones que desafían y contradicen las normas básicas de la administración de la justicia.
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