Raymundo Riva Palacio - Sonora Presente
Desde que terminó el Mundial de Futbol, la vida de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, se volvió una pesadilla. Un error, querer vender el 20% de la FIFA a un fondo de inversión privado sin decirle a nadie, detonó una guerra para destituirlo. Tres confederaciones, la UEFA (europea), la Concacaf (Norteamérica, México, Centroamérica y el Caribe), y la AFC (asiática), están atacándolo sistemáticamente y movilizando refuerzos. Los últimos, un grupo de futbolistas estrella, leyendas y actuales, que pidieron su relevo porque “suficiente es suficiente”
Las críticas generalizadas y su impopularidad tienen que ver con la forma como ha llevado el futbol como una corporación de capitalismo salvaje. Pero en el fondo, es una lucha de poder por el control del balón en el mundo, y de lo que resulte, el futbol no volverá a ser lo que conocemos. Detrás de todo hay un choque de escuelas de pensamiento: la de Infantino, que quiere abrir el futbol para aumentar el acceso a naciones pequeñas y pobres que en el mediano plazo suban su calidad, eleven el espectáculo y los ingresos y la de la UEFA, que quiere mantener el statu quo y conservar su relevancia y poder en el mundo del futbol.
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