Salvador García Soto - Expreso
Serpientes y Escaleras
Dice la presidenta Claudia Sheinbaum, sobre el polémico libro de Julio Scherer Ibarra, que "no lo he leído ni lo voy a leer", y acepta que la autocrítica y la crítica son necesarias, pero le recuerda al exconsejero jurídico que "somos parte de un movimiento y tenemos que ser consecuentes".
Hasta ahí la opinión de la mandataria sobre el texto editorial que ha sacudido a la 4T y ha expuesto y evidenciado actos de corrupción y hasta delictivos de colaboradores de su staff como su coordinador de Asesores, Jesús Ramírez Cuevas.
Si con eso intentó deslindarse de un texto que muestra las entrañas del gobierno anterior y exhibe a López Obrador como un gobernante delirante y que cambió con el poder, caprichoso, ocurrente y que encargaba tareas públicas delicadas a gente sin experiencia y sólo basadas en la lealtad, la posición de la Presidenta fue, por decir lo menos, suave e indulgente con el que fuera operador principal y de confianza del expresidente.
Eso sí, después de su llamado a Scherer a cuidar la congruencia entre su derecho a expresarse y su paso por el primer gobierno de la llamada "transformación", la Presidenta repitió su consabido discurso de que "hay libertad de expresión" en su gobierno, como cuidándose de que no la tacharan de censora o represora de la crítica.
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