José Blanco - Periódico La Jornada
Migrantes y activistas rodearon el vehículo del Presidente en Ciudad Juárez, lo frenaron, gritaban hasta desgañitarse, agitaban cartulinas; la presencia del mandatario operó como impetuoso revulsivo a la intensa ira colectiva y provocó ardientes reclamos; intentaban detener su avance, ¡justicia!, ¡justicia!, demandaban desgarradamente. En un instante la confusión y el caos mostraron la desesperación aguda, la desesperanza, el agotamiento, la impotencia, la desolación de los tan gravemente ofendidos y lastimados. Tras el martirio infernal de los caminos recorridos para llegar a la frontera con Estados Unidos, un grupo halló, en un tris, la muerte por asfixia. Su situación amarga y su circunstancia, todo, era páramos y abismos, un mundo absurdo: ¡justicia!, ¡justicia!
Una tragedia así no puede ser creada en un tris. Sus raíces son ramificaciones innumerables, sus causas son múltiples y vienen de lejos; el grito de ¡justicia! las abarca. No hay hecho social que termine en los bordes de su acontecimiento: su evolución diacrónica es dilatada y un corte sincrónico muestra los hechos interrelacionados y/o los actores sociales involucrados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario