- El presidente de EE UU ha aislado a su país de sus aliados tradicionales, incrementando el caos en Oriente Próximo y poniendo en grave peligro la paz mundial
La decisión de asesinar al general iraní Qasem Soleimani en territorio iraquí no ha sido tomada a la ligera o por salir del embudo en el que se encuentra estancada la política norteamericana frente a Irán, país que no se ha debilitado (como se pretendía) pese al cruel embargo impuesto por EE UU. Desde su llegada a la Casa Blanca, la estrategia de Trump hacia Irán, directamente conectada con la de Arabia Saudí, se despliega en varias direcciones: retirada del acuerdo nuclear, incentivar las rebeldías contra el régimen, provocar enfrentamientos y planear bombardeos específicos y cada vez más severos en territorio iraní. Es decir: desestabilizar, debilitar y derrocar al régimen persa. Esta maniobra, defendida tanto por el exrepresentante estadounidense en la ONU John Bolton, como por el actual secretario de política exterior, Mike Pompeo, parece desembocar conscientemente en una confrontación permanente, dadas las previsibles represalias de Irán.
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