- Necesario pasar de la focalización condicionada al universalismo incondicional
Julio Boltvinik - Periódico La Jornada

La propuesta del Ingreso Ciudadano Universal o Renta Básica, enfrenta resistencias, tanto ideológicas como conceptuales, profundas. Otorgar a toda persona un ingreso periódico sin contraprestación, va contra la frase bíblica con la que Jehová habría castigado a Adán y Eva al expulsarlos del paraíso: Ganarás el pan con el sudor de tu frente, que tenemos grabada hasta los huesos. Por ello, la reacción, casi instintiva, de shock, cuando oímos que alguien sugiere que el Estado otorgue dinero a las personas de manera periódica, sin que medie trabajo o pensión después de haber cotizado muchos años, es decir, una transferencia monetaria no contributiva, es similar a la que tendríamos si viéramos un hipopótamo volando. Antes del Progresa (1997), incluso los que en México trabajábamos en temas de pobreza y política social, en la tradición del Programa de Inversiones para el Desarrollo Rural (Pider, 1970-1976), de Coplamar (1976-1982) o del Pronasol, pensábamos que lo que el gobierno tenía que hacer eran inversiones que aumentaran la productividad agrícola, mejoraran las condiciones de vida; también aceptábamos el papel de los subsidios a la producción agrícola o al consumo de bienes básicos.
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