Salvador Camarena - El Siglo de Torreón
El 15 de abril del 2000 hubo un mitin perredista en la Plaza de la República. La candidatura de Andrés Manuel López Obrador a la jefatura del Distrito Federal estaba en la cuerda floja. Ahí, AMLO pidió que fuera el pueblo el que decidiera si podía o no competir, dada la impugnación legal sobre si cumplía con residencia capitalina. Al final, se le permitió estar en la boleta del 2 de julio, y el resto es historia….
Un mito fundacional del obradorismo es que su líder fue todo el tiempo víctima de las artimañas de los poderosos para marginarlo de las votaciones. En el mitin referido, Carlos Ímaz, entonces líder perredista en la capital, dijo: “Nos quieren ganar a la mala porque no saben hacerle de otra manera”. Cinco años después, el desafuero de Vicente Fox contra AMLO pareció confirmar tan suspicaces denuncias.
Por eso a pocos debió extrañar que en su sexenio presidencial, López Obrador desdeñara todo tipo de recursos legales o administrativos que impedían a sus correligionarios participar en una elección. Uno de los casos más claros fue cuando se marginó a Raúl Morón y Félix Salgado Macedonio de las candidaturas morenistas en las elecciones de Michoacán y Guerrero, respectivamente.
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