Isaac Katz - El Economista
A diferencia de la respuesta de la presidenta Sheinbaum, cuando le restó importancia al hecho de que el PIB se contrajo en 0.6% durante el primer trimestre de este año, ahora, con el crecimiento de 1.5% durante el segundo trimestre que informó el INEGI, su respuesta fue: “qué buena noticia”, y adoptó por alrededor de tres minutos un tono festivo, inclusive señalando, sin sustento, que la construcción de viviendas por parte del Infonavit, así como las obras públicas, darían un impulso adicional al “desarrollo económico”.
Hay que notar que, con el crecimiento del segundo trimestre, por fin, después de ocho años de la cuatroté, se logró igualar el nivel del PIB por habitante que se alcanzó en el segundo trimestre de 2018. Y todavía hay quienes festejan y, peor aún, le apuestan a que el “modelo económico” actual nos llevará al Nirvana. Ilusos.
Por otra parte, el crecimiento de 1.5% es, sin duda, una buena noticia, pero ello no da para destapar la champaña ni para aventar confeti y serpentinas. La razón es que una parte de esta expansión se debe a un evento único e irrepetible que fue el campeonato mundial de fútbol, particularmente por los 13 partidos que se jugaron en México.
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