- La edición de este viernes no fue solo una reunión más, ya que fue el debut de Kevin Warsh al frente de la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed) quien marcó la pauta, sepultando la era de la complacencia e inaugurando un periodo de secrecía y de extrema ortodoxia.
Ernesto O'Farrill Santoscoy - El Financiero
El Simposium de Política Monetaria de Jackson Hole, el encuentro anual de los banqueros centrales y los Sifús de las finanzas globales, ha vuelto a ser el epicentro de las discusiones sobre las tendencias de la política monetaria y del sistema financiero mundial. La edición de este viernes no fue solo una reunión más, ya que fue el debut de Kevin Warsh al frente de la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed) quien marcó la pauta, sepultando la era de la complacencia e inaugurando un periodo de secrecía y de extrema ortodoxia.
Frente a la arraigada expectativa generalizada de un ciclo prolongado y predecible de flexibilización cuantitativa, el panorama dibujado en las montañas de Wyoming fue radicalmente opuesto. Los banqueros centrales no solo reconocieron que las presiones inflacionarias subyacentes muestran una resistencia estructural alarmante, sino que validaron la necesidad de mantener las condiciones financieras en un terreno marcadamente restrictivo por un periodo mucho más prolongado de lo que el mercado había apreciado en sus valoraciones.
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