El caso de Andy López Beltrán y sus vinculaciones como el auténtico líder del huachicol fiscal de la 4T está desbordado. Cada día que pasa le cuesta más a la presidenta Claudia Sheinbaum prestar su rostro para defender al júnior indefendible
Por Ramón Alberto Garza - Código Magenta
El caso de Andy López Beltrán y sus vinculaciones como el auténtico líder del huachicol fiscal de la Cuarta Transformación está desbordado. Cada día que pasa le cuesta más a la presidenta Claudia Sheinbaum prestar su rostro para defender al júnior indefendible.
Quizás por ello, en los pasillos de Palacio Nacional comienza a cabildearse la posibilidad de enviar a Andy López Beltrán a una embajada. Las presiones del Mesías de Macuspana -alias, el papá de Andy- crecen por horas y Andrés Manuel López Obrador teme que, en cualquier momento, requieran a su júnior desde Washington.
Tres elementos se asoman para sostener la urgencia de conseguirle, al creador del “Modus OperANDY” huachicolero desde Pemex, un fuero por la ruta de la inmunidad diplomática.
EL PRIMERO es que, la inquilina de Palacio Nacional, sabe que está pagando un costo político y personal muy caro para salir a defender al júnior de la 4T frente a cualquier acusación. Los traspiés de la presidenta Claudia Sheinbaum para minimizar el impacto de que a Andy López Beltrán le hayan retirado la visa son cada vez más evidentes. Como cuando la traicionó el subconsciente y para defender al ex secretario de Morena dijo que “hay otros delincuentes…”. En pocas palabras, Andy sí es uno.
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