domingo, 30 de agosto de 2026

Aprender

Carlos Elizondo - El Siglo de Torreón

“Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”, dice el refrán. El más reciente conflicto comercial entre Canadá y Estados Unidos confirma que el mundo de la posguerra quedó atrás.

Ese mundo lo construyó Estados Unidos. Partía de reglas generales que debían acatar los países del bloque occidental, algunas asimétricas a favor de los países en desarrollo, que al aceptar las reglas de libre comercio, arrancaban con mayor protección comercial que los desarrollados.

Un imperio por invitación, en palabras del historiador noruego Geir Lundestad, no por invasión.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos generaba cerca de la mitad de la producción industrial del mundo. Ganaba si el pastel se hacía más grande. Ganaba además por proveer la infraestructura: el sistema de pagos, denominado en dólares, con todo el beneficio que implica imprimir la moneda que hasta un ahorrador de Irán guarda bajo el colchón; la lengua franca, el inglés; y la tecnología, un terreno que dominaba casi por completo.

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