Salvador Camarena - Sonora Presente
La mañanera nació para que, desde la jefatura del DF, Andrés Manuel López Obrador arrebatara al presidente Vicente Fox el control de la narrativa. AMLO imponía agenda nacional. Un cuarto de siglo después, su movimiento pretende más que ganar la conversación: monopolizarla, y para ello traspasa fronteras al diseñar un mecanismo censor que resultaría contraproducente.
Luego de triunfar en 2018, Andrés Manuel inició un proceso de control mediático. Hay que advertir varias tácticas de una sola estrategia: concentró en la mañanera la comunicación social, restó o quitó publicidad oficial a medios no aliados y atacó sin cansancio a la prensa crítica, incluidos, y particularmente, periodistas compañeros de viaje de cuando era opositor.
Por su parte, y además de seguir la mañanera, Claudia Sheinbaum llevó a un nuevo nivel la captura de los medios públicos, y se puede argumentar que voceros gubernamentales oficiales (y no me refiero a los que trabajan con ella desde hace años) y oficiosos, aumentaron su estridencia descalificadora. Sin embargo, a dos años de esa radicalización, la presidenta parece querer (y necesitar) más control.
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