Samuel García - El Sol de México
Uno de los mayores peligros para el gasto público es el silencio. Por eso la Secretaría de Hacienda no necesita porristas, sino un auditor con el valor de advertir a tiempo antes que sea demasiado tarde.
Gobernar implica gastar. El problema es que en México se gasta, con demasiada frecuencia, a ciegas. Tras cerrar 2024 con un déficit que se disparó a 5.7% del PIB -el más alto en décadas recientes, en el último año del gobierno de Andrés Manuel López Obrador-, 2025 fue un año de ajuste forzado que apenas logró reducirlo a 4.3%, todavía por encima de lo prometido. Para 2026, ante presiones crecientes de gasto, Hacienda se ha comprometido a bajarlo a 4.1%; sin embargo, a la luz de los resultados del primer trimestre, la meta luce cuesta arriba.
Las finanzas públicas enfrentan un panorama complicado. Se ha planteado crear un Consejo Fiscal independiente -un grupo de expertos para “acompañar” la política hacendaria-. Es deseable, pero no es lo urgente. Lo inmediato es contar con una Auditoría Superior de la Federación (ASF) que deje de operar como trámite y recupere su papel como contrapeso efectivo.
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