Vaeronica Malo Guzman - Sonora Presente
Citamos a Marco Aurelio por aquello de que al senador le gusta improvisar de filósofo en redes sociales, mientras se atrinchera en Badiraguato…
Mas el estoicismo exige carácter y Enrique Inzunza no lo tiene. Si acaso exhibe miedo. ¿Ya se le olvidó “el que nada debe, nada teme” que nos recetaba su líder moral a la gente de a pie cada dos por tres?
Pretextos sobran cuando no se tiene el valor de enfrentar las consecuencias de los propios actos. Como dice el dicho: la retórica siempre aparece cuando el coraje desaparece. Así que no hay que darle demasiadas vueltas: Enrique Inzunza es un cobarde.
Es, además, la única de las autoridades mexicanas —señaladas al momento por el gobierno estadounidense por presuntos vínculos con el narcotráfico— que continúa cómodamente instalado en su cargo, protegido por el fuero constitucional y por el silencio disciplinado de Morena. No acudió a la sesión permanente del Senado, aunque apenas unos días antes había asegurado —se había mofado del pueblo bueno, de hecho— que sí lo haría. Desde Badiraguato —esa geografía convertida ya en símbolo político del poder criminal en México— publicó una larga perorata digital intentando disfrazar lo evidente: no pide licencia, no se presenta y no da la cara porque tiene miedo.
Naturalmente, intentó vender la ausencia como un gesto de “responsabilidad” para evitar un espectáculo opositor. Sinvergüenza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario