- México requiere una estrategia fiscal de mediano plazo: revisar rigideces, proteger inversión productiva, ampliar la base tributaria sin ahogar la actividad y trazar una ruta clara para Pemex.
Enrique Quintana - El Financiero
Coordenadas
El primer trimestre fiscal en México cerró mejor de lo esperado.
El déficit presupuestario fue de 207 mil millones de pesos contra 380 mil programados, y el balance primario registró un superávit de 98 mil millones.
En medio de aranceles que golpearon a la manufactura, una contracción del PIB de 0.8% trimestral, frentes fríos que dañaron al campo y un peso que pasó de 20.42 en 2025 a 17.57 en este año, Hacienda puede decir que las cuentas, por lo pronto, están bajo control. Tiene razón. La pregunta es si ese orden es sostenible.
El buen resultado no provino de una recaudación robusta, sino de tres amortiguadores que conviene nombrar: gasto que entró tarde al calendario, un peso fuerte que abarató el servicio de la deuda externa, y un costo financiero menor en 3.1% real, con un ahorro de 47 mil millones frente a lo programado.
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