Mario Maldonado - Sonora Presente
El elefante en la sala se llama Rubén Rocha Moya y, salvo un giro de último momento, no estará este domingo en el Congreso Nacional de Morena. Su presencia alteraría el sentido mismo del encuentro, desplazaría cualquier otra discusión y colocaría al partido frente a una definición incómoda sobre un caso que ya rebasó la política local y se instaló en la relación con Estados Unidos.
En Morena lo saben. La sola imagen de respaldo colectivo a un gobernador bajo señalamientos de autoridades estadounidenses tendría costos para la marca del partido y para el gobierno federal. También abriría una fractura interna difícil de contener. No todos están dispuestos a salir en su defensa y menos un grupo de gobernadores donde algunos enfrentan sus propios riesgos, desde cuestionamientos hasta restricciones migratorias tras haber perdido su visa. La decisión habría sido de la propia presidenta Claudia Sheinbaum.
Con ese telón de fondo, Morena llega a su Congreso Nacional este domingo en uno de sus peores momentos: con una crisis reputacional y de confianza en varios estados del país, además de una reorganización interna complicada, la cual ha generado más fricciones de las que se quieren reconocer públicamente. Se trata del primer ajuste de fondo del partido en el primer cuarto del gobierno de Claudia Sheinbaum y la antesala de las definiciones rumbo a 2027. Lo que ahí se resuelva marcará la distribución del poder interno y la forma en que el movimiento enfrentará un entorno más adverso.
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