Sobreaviso
René Delgado - El Siglo de Torreón
No cabe el asombro. Era una bola cantada.
Desde hace mucho, el gobierno y Morena sabían que el gobernador sinaloense, Rubén Rocha Moya, era un lastre político y, peor aún, un peligroso frente que Estados Unidos podía abrir a gusto. Pese a ello, resolvieron no actuar cuando y como debían, sino --peor aún-- apoyar y amparar al personaje indefendible. Increíble.
Ahora, gobierno y partido están ante una disyuntiva mayúscula, donde se jugarán su propio destino, implicando el del país en su conjunto.
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En la muy difícil decisión a tomar en su respectivo ámbito de acción, la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, y la próxima dirigente de Morena, Ariadna Montiel, no pueden perder de vista algo evidente: es nutrido el elenco de cuadros, legisladores, funcionarios y gobernantes morenistas, susceptibles de ser señalados allá y acá por vínculos con el crimen.
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