Rolando Cordera Campos - Periódico La Jornada
El principal vínculo entre la sociedad y el mercado es el empleo. Cuando la economía genera los empleos necesarios, buenos y bien pagados que requiere la población, la existencia material es estable y segura; pero cuando imperan la precariedad y la informalidad, como sucede hoy en México, las relaciones sociales se trastocan y fragilizan.
Entre nosotros la constante de la informalidad y la precariedad laboral es una de las señales visibles de nuestro no crecimiento; pasan los años y las generaciones y el famoso “bono demográfico” (tener mayor población en edad productiva) pierde valor y gana años. De acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, correspondientes a marzo de 2026, las personas en edad de trabajar (que tienen empleo o que lo están buscando activamente) sumaron 61.6 millones –558 mil más que marzo de hace un año–, y las ocupadas sumaron 422 mil.
Cabe decir, además, que se mantienen las diferencias entre géneros: 419 mil empleos fueron ocupados por hombres y solamente 2 mil 546 por mujeres. La informalidad nacional subió medio punto porcentual (situándose en 54.8 por ciento), y en mujeres 1.7 puntos (56.5 por ciento).

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