Maciek Wisniewski - Periódico La Jornada
La analogía histórica es una herramienta tan útil como problemática. Cuando hecha bien, está diseñada como un “atajo cognitivo” para orientarnos ante lo nuevo y los desconocido mediante el recurso al pasado. Pero cuando ignora las diferencias y se deja de llevar solamente por las semejanzas superficiales y/o atractivas −a menudo en favor de una agenda o narrativa política conveniente de momento−, trivializa la historia, anula su alteridad y la especificidad de los hechos del pasado afectando nuestras capacidades de entender el presente.
Así, lo que observamos muchas veces no son las “repeticiones de la historia”, sino sus instrumentalizaciones y el caso de la toma y la quema de Washington en 1814 por los británicos (t.ly/Auu5H) −el suceso histórico que de vez en cuando “salta” como una analogía en la discusión pública en EU− es un buen ejemplo.

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