- Los alarmistas de la deuda han perdido su credibilidad. Las crisis fiscales que han predicho nunca se han producido
El presidente de EE UU, Joe Biden, el pasado 15 de julio. TOM BRENNER / REUTERS
Cómo eran antes las cosas: hace unos años, asistí a una reunión en la que el presidente Barack Obama pidió a un grupo de economistas que le dieran ideas no convencionales sobre líneas de actuación política. Lo recuerdo perfectamente diciendo: “No me digan que tengo que gastar un billón de dólares en infraestructuras. Eso ya lo sé, y no puedo hacerlo”.
Cómo son las cosas ahora: la cúpula demócrata ha acordado una propuesta para gastar 3,5 billones de dólares en inversiones públicas de diversa índole, que se debe aprobar por la vía de la reconciliación, además de un plan bipartidista de 600.000 millones de dólares de gasto en infraestructuras físicas. Con todo, algunos informativos se refieren al acuerdo como una derrota de la izquierda porque Bernie Sanders proponía gastar aún más. Obviamente, el acuerdo en cuestión es solo una propuesta, y convertirlo en legislación en la práctica requerirá el consenso de todos y cada uno de los senadores demócratas. Aun así, no cabe duda de que se ha producido un cambio asombroso —un marcado giro a la izquierda— en lo que se considera políticamente realista.

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