Francisco Suárez Davila - El Siglo de Torreón
López Obrador llega al poder en 2018 con el gran apoyo de un pueblo indignado por la corrupción, la violencia y la impunidad desbordada. A diferencia de otros países, la irritación se canalizó por los votos y no por la violencia en las calles, a través de un proceso electoral impecable, de excepcional amplitud.
AMLO debe reconocerse como un formidable líder político, con las dotes de otros famosos populistas. No es gran orador, no emociona, pero convence por su manejo llano y directo del lenguaje. La mañanera es una innovación mediática, fija la agenda política, aunque fuente de desgaste por errores, contradicciones y polarización innecesaria; cuando no sabe, inventa "verdades alternativas"; manejo de símbolos atractivos al pueblo: aprobación envidiable del 60%.
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